jueves, 19 de agosto de 2010

Séptimo día: La otra Estambul.

Buenas noches a tod@s. Ya en el ocaso de nuestro viaje sentimos un poco de nostalgia por tener que abandonar esta ciudad, pero no solo esta ciudad sino también esta cultura, estas costumbres, esta comida, estos atardeceres... En fin podría enumerar un montón de sensaciones más que también dejaremos de sentir desde el momento que nos montemos en el avión, mañana sobre las 17.30 hora local.
       Hoy por ser el último día completo que íbamos a pasar aquí, decidimos cambiar un poco nuestro planing y centrar casi por completo el día en compras y más compras. ¡Vaya ruina! ¡Con lo que a mi me gusta un bazar!
Bueno... ¿empezamos?


Primera parada: Gran Bazar. Después de desayunar como cada mañana en nuestro gran hotel, que por cierto al final está siendo todo un acierto, por su limpieza, por su amabilidad, por su situación tan céntrica... no tanto por su buffet, pero comprendo que debiera haberme adaptado a un desayuno más turco, pero...  no puedo, los siento, eso de levantarme y meterme por cuerpo aceitunas negras, huevo duro, rollitos de hojaldres o cosas del estilo, no entra en mis gustos mañaneros, nos dirigimos a nuestro primer destino, el Gran Bazar.

Este trayecto lo hicimos en tranvía, un tranvía bastante moderno que cruza toda Estambul, e incluso están construyendo un puente submarítimo(debajo del Bósforo) para crear la conexión con la parte asiática. Lo único malo que tiene es que parece que estamos envasados al vacío, es decir, que no nos podemos ni mover porque vamos unos pegados con otros, y dale gracias a Dios que no te toque uno sin desodorante al lado porque si no...   te pasas todo el trayecto oliédote a tí mismo por no oler a macho men turco con calor acumulado en el cuerpo de tres días.
Pregunta del millón: ¿Qué creéis que hicimos en el Gran Bazar? Es fácil ¿verdad? Pues lo que podéis imaginar, regatear, regatear y regatear. De una tienda salimos escopeteados porque al señor de la misma le molestó que le pidiésemos tan poco por una prenda, cuando lo habíamos comprado en otra tienda días atrás al precio que nosotros le pedimos que nos lo dejara. En fin, este señor se mosqueó bastante con este regateo y nos despedimos rápidamente con un, OK, THANK YOU, (de acuerdo, gracias) y éste respondió con grandes aspamientos de echarnos de la tienda, NO THANK YOU, mientras murmuraba en turco la frase del millón que nos tiene tachados a los españoles: "ESPANIOL, ESPANIOL, CATALANES RÁCANAS".
  
        La verdad que con estas cosas nos divertimos y no lo tomamos mal, ni mucho menos, son experiencias para contar. De allí decidimos ir en busca de nuestro amigo Ermet que es un joven turco de 24 años que conocimos días atrás cuando nos pasamos por su tienda a mirar unas cosillas. Allí este colega nos hace descuentitos más interesantes y al tener algo de confianza nos trata de otra forma, mucho más amigable. Con él y sus trabajadores hemos estado casi 1 hora y media, ya terminamos contándonos hasta intimidades e incertidumbres siempre en inglés.
        Entre charla y charla, le pregunté a Ermet que de dónde traían tanto material imitado, y me decía que ellos eran fabricantes, que poseían una fábrica familiar donde copiaban mediante una serie de maquinarias las mejores marcas deportivas e intentaban crear una buena imitación. También hablamos del Ramadán, intentando explicarnos que estaban deseandos que llegara las 20.00 de la tarde para poder comer, beber, pero sobre todo hacer el amor. Me llegó a decir (mientras Sisuka miraba cosillas por la tienda y con ambiente más íntimo) que cúantas veces hacíamos el amor los españoles al día, diciéndome que ellos lo normal eran 3 veces al día, con lo que yo no supe si responder, sonrojarme o engañarle. En fín, ¿realidad o ficción? Yo para mi que éste se come menos que...  Entre tanto, pasábamos de un tema de conversación a otro, y hablamos de la procedencia principal del turismo de Estambul, respondiéndome que la mayoría de turistas llegaban de Rusia, Rumanía y Bulgaria principalmente.  Total que acabamos dándonos el facebook, las direcciones de correo y no paró de repetirnos que para otra vez que volvamos no dudemos en verle, porque nos va a llevar a la playa (que al parecer las hay cerquitas), a las discotecas y a diferentes lugares (espero que no sea gay porque si no...   3 veces al día me iba a dar algo).



De allí cogimos dirección Bazar de las especies, cerca del puerto, y hasta allí fuimos caminando.

Segunda parada: Bazar de las especies. Como a todos estos bazares no era la primera vez que íbamos, ya sabíamos un poco qué y dónde comprar, aunque con todo eso estuvimos allí por lo menos 1 hora porque la verdad es que entre dulces, especies y tés, te puedes quedar allí oliendo y probando todo el día sin aclararte qué comprar. La mayoría de puestos tienen los mismos tipos de especies y de tés, pero cambian los precios de uno a otro una barbaridad, el por qué, ni idea, pero es así de verídico. Te puedes encontrar el Kg de té en un puesto a 40 liras y en el de al lado a 20 liras, para que os hagáis una idea de cómo piensan ellos y de la cultura del regateo. En fín, si andar cansa, andar y regatear aún más porque tienes que estar haciéndote cálculos continuamente en tu cabeza para saber hasta dónde llegar para después  no dar marcha atrás, ya que  eso sería llevarte una buena reprimenda por parte del turco. ¡Ah, por cierto, ya he aprendido lo que significa "Bistro"!, significa 5 liras, de ahí que la mayoría de los puestos estén continuamente gritando ¡Bistro, bistro!
              
             Después de todo el día caminando entre bazares,  nos fuimos al hotel a descansar un rato y a darnos una duchita. Posterior a ella,  nos dirigimos a conocer una zona típica de pubs y de restaurantes hecho prácticamente para guiris, donde nos habían dicho que hacían diariamente espectáculos de danza de los Derviches, una danza típica de Estambul. Y así fue, entre la Mezquita de Santa Sofía y la plaza de Sultanhamet estuvimos paseando hasta encontar el espectáculo, nada del otro mundo, una ceremonia de danza-meditación, llamada Sema, que consiste en una danza de hombres acompañada por música de flauta y tambores. Los danzantes, giran sobre sí mismos con los brazos extendidos, simbolizando "la ascendencia espiritual hacía la verdad, acompañados por el amor y liberados totalmente del ego", en fin, una tontería ya que se pegaba toda la actuación girando sobre sí mismo con los brazos a la altura del ombligo primero, subiendo lentamnente hasta la cabeza y abriéndolos en forma de uve, todo ello vestido del traje típico con una especie de túnica blanca de vuelo, un fajín y un gorro cilíndrico de color corinto. Aquí os dejo una foto para que lo veáis:


          Finalmente hemos cenado en el gran restaurante Enjoyer, uno de esos que todos los españoles que vienen  a Estambul suelen visitar, ya que tiene muy buena prensa en internet y sobre todo en el boca a boca dentro de los foros de viajeros. La verdad que está muy bien, buena comida, mejor trato al público y calle con mucho encanto y romanticismo. A pesar de ser turcos, todos los trabajadores hablan el español perfectamente.


      Con todo esto y dada la hora que es con lo que mañana nos queda (hacer maletas, dejar habitación, coger metro para ir al aeropuerto, viajes...), creo que aquí voy a finalizar el día de hoy, no con ello el blog, ni mucho menos.
       Desde la 402 del Sude Konak y con la nostalgia de ver el fin de nuestras vacaciones en los destellos que la luna nos deja por lo alto de Santa Sofía, os dejamos hasta mañana. Un beso a tod@s.

No hay comentarios:

Publicar un comentario