lunes, 16 de agosto de 2010

Cuarto día: Entre dos mares.

          Hola a tod@s, ya es nuestro cuarto día en estas tierras donde se gestaron parte de nuestra actual historia, música, arte y filosofía: Constantinopla, antigua Bizancio. El día ha sido como los que estamos ya acostumbrados a hacer desde las 10.00 de la mañana hasta las 23.00 de la noche sin parar solo para comer y cenar. Imaginaros cómo tenemos los pies y sobre todo el cansancio en general, pero es un cansancio feliz porque hacemos cosas que nos gustan y nos estamos quedando impregnados de esta cultura y su gente.

Primera parada: Crucero por el Bósoforo. El día de hoy nos esperaba un precioso y relajante viaje en ferry desde el puerto de Estambul (Eminonu) hasta Anadolu Kavalli (parte asiática y más próxima al Mar Negro). Es un paseo de hora y media donde recorremos el Estrecho del Bósforo que separa la Estambul euriopea y la asiática. Se dice muy pronto de palabras, pero es un pelotazo verlo con tus propios ojos, ya que es ese brazo de mar del que siempre te han hablado en los libros de historia y que nunca imaginarías que ibas casi a rozarlo con tus propios pies. Durante el paseo vimos cómo cambia la morfología de Estambul según pasamos del puerto (Estambul antigua), a la parte europea (zona de Besiktas, Galatasaray...) y a la parte asiática. Es muy común ver numerosas mansiones al pie del Estrecho con sus yates amarrados, además de los Palacios de Dolmabahçe o el Palacio de Beylerbeyi, ambos construidos a mediados del siglo XIX por diferentes sultanes.

    Una vez que llegamos al último destino, subimos al castillo Yoros, una fortaleza de la época romana que imagino tendría gran importancia en la entrada de barcos desde el Mar Negro al Estrecho del Bósforo. Para subir a ese castillo tuvimos que pegarnos casi 30 minutos de subida con una pendiente enorme y con la típica calor ya expresada en otros días. La gente subía extasiados, algunos sin camisetas, otros echándose agua por la cabeza, otros con las marcas del sudor en la espalda y axilas... En fin pestazo a sudor por todos lados, jejje (nosotros incluidos). Pero esa subida tuvo su recompensa, ya que las vistas desde lo alto del castillo, si ya habíamos visto imágenes de Estambul desde Pier Lottis, esto es igual o más maravilloso aún.



             Después de millón de fotos y tomar aliento, tocaba la bajada, pero en medio de la bajada paramos en un restaurante a comer. Allí nos metimos por el cuerpo dos menús con ensalada, calamares y lubina a la plancha. Esta zona es muy común de buen pescado y por ello aprovechamos para tomarlo.
 En fín, una vez llegados a la estación del puerto de Kavayi cogimos de nuevo la vuelta en el mismo ferry sobre las 16.15 de la tarde para llegar a Eminonu a las 17 30. Durante la vuelta nos pegamos una siestecita algo merecida en el ferry, aunque fue poquita cosa porque nos levantamos del sillón chorreandos de sudor y al final volvimos a ponernos en la cubierta al fresquito.

Segunda parada: Bazar de las especies y Gran Bazar. Otra de las visitas obligadas de Estambul son estos dos bazares. El de las especies está casi frente por frente al puerto y aunque solo estuvimos media horita aprox. nos dio tiempo suficiente a ver e incluso probar algunas delicatessen de aquí, lo cual no desvelaré porque quiero llevarme algo para allí para que lo probéis, aunque debemos envasarlo al vacío porque sino dicen que podemos tener problemas en la aduana. Aparte de cositas dulces y frutos secos, también hay especies de todo tipo super naturales, quesos de cabra gigantes, toda la gama de tés... Ya os podéis imaginar ¿no? Y de allí salimos en dirección al Gran Bazar, trayecto que no para de haber comercios de ropa sobre todo. Por cierto hemos visto unos vestidos de novia chulísmos, pero hemos dedicido no comprarlos porque no nos cabe en la maleta, jejeje.



          En el Gran Bazar todo es lo mismo, ropa de imitación, zapatillas de deporte también de imitación, lámparas preciosas pero caras, tiendas de telas, de alfombras, joyas... Aquí compramos algunas cosillas, aunque poco porque cierran a las 19.00 y para eso son muy estrictos ya que están en Ramadán y tienen tela de ganas de cerrar para poder beber y comer junto a sus amigos o familiares.
    Un detalle que nos sorprende bastante es que en muchos de los puestos te atiende un niño pequeño, el cual puede ser perfectamente el encargado del negocio (o eso parece, ya que está solo). Hablo de edades de 10 - 11 años aprox. Están hechos al regateo, al comercio, a la compra - venta y encima son capaces de radiografiarte y hablarte sin tú decir nada en tu idioma. Nos pasa casi siempre que nos confunden con italianos, excepto una vez uno me dijo si era Pakistaní, jejeje (la cara la tengo pero...).
Cada uno intenta atraerte a sus comercios, te avasallan vendiéndote la moto y como he dicho antes tienen un nivelazo de idiomas increible, tanto inglés, como italiano, francés, español... aunque imagino que se aprenderán las cuatro frases típicas que usan para engatusarte. También otro detalles es que si no tienen algo de lo que buscas, hacen lo imposible por conseguírtelo, cogen el teléfono corriendo y no se adonde van pero en décimas de segundos, están allí con lo que pedístes. En fin todos estudian en la universidad del regateo y del comercio libre, es increible.



Tercera parada: Barrio de Kunkapi. Es un barrio marinero por excelencia, está al sur de Bezayit y allí fuimos andandito desde el Gran Bazar a conocer los rasgos más marineros de Estambul. Se percibían muchos restaurantes de pescado y una especie de mercado o lonja de pescado a pie de mar. Estas pescaderías estaban abiertas sobre las 20.00 y de allí directamente las venden a los restaurantes que están conlindando.    Paseando por el paseo marítimo de Kunkapi nos pararon más de 10 veces para vendernos su comida y su restaurante (Hello, Bienveniu, Bonasera, Hola...) hasta que te escuchan hablar y ya siguen en tu lengua como mejor pueden. Algunos nos ofrecían bebidas gratis, otros vino gratis para la chica solamente (jeje, no saben na), a otros ni les escuchamos porque estamos hartos de unos y otros, pero esto se mueve así ya que hay restaurantes pegados unos con otros y por tanto todo es competencia.



           Al final hicimos tiempo sentados en el paseo marítimo mirando al Mar Mármara y cenamos sobre las 21.00 (las 20.00 de allí, es decir la hora que merendamos). Al estar 4 días aquí sin querer te haces a los horarios y a las rutinas de vida, además la luz del sol también te guía tus comidas y aquí anochece a las 20.00. En el restaurante volvimos a comer pescadito fresco y bueno junto con unas gambas con una salsa de mantequilla y especies picantes. Muy bueno todo, aunque la forma de ser de los camareros de aquí nos deja mucho que desear. Nada más llegar al restaurante te salen por lo menos 5 para decirte donde sentarse. Te ponen el asiento, te echan agua de una botella, de ponen pan y te dan la carta. Al final cuando pagas, ves como te ponen la cuenta doblada por la mitad con el precio final. Suponemos que ya el abrir el papel de la cuenta para mirar cuánto vale cada cosa ya es una falta de confianza hacia ellos, porque las caras que ponen no son normales, pero es  que tienen mucha cara, ya que te cobran la botella de 1,5 l de agua que te ponen al principio, la cual no pides, y 5 liras sin descripción ninguna de gasto. El camarero al vernos se dirigió a nosotros y nos explicó con pocas ganas de dónde venía cada precio, explicandonos que las 5 liras eran por el servicio a dos personas. Pues sí, entonces dijimos para nosotros, si esto es por el servicio pues la propina ya la tienen cobrada, así que pagamos y nos esperamos el cambio, algo que les mata, ya que según su cultura es obligatorio dejar propina (aunque también es obligatorio que nos pongan el té turco al final de cada comida y como saben que somos turistas y que no lo sabemos pues lo evitan y no lo ponen). Nos despedimos con un Bay, Thank Yoy very much al que no nos hicieron puto caso e incluso miraron hacia otro lado. Así son ellos cuando no le sigues sus costumbres, pero... lo siento. Nosotros tenemos las nuestras también y creo que estamos en nuestro total derecho de saber qué pagamos y por qué lo pagamos y si no les gustan lo sentimos mucho.

                 Para terminar el camino de vuelta lo hemos hecho relajadamente por el paseo marítimo hasta nuestro hotel. Es curioso ver también que por el paseo hay colocadas unas mesitas con sillas de plástico muy pequeñas donde van las familias y grupos de amigos a cenar. No se si será porel Ramadán o siempre en verano, pero ni se las lleva nadie ni las rompen ni nada. Y otra curiosidad es que el pan que les sobra a los panaderos, lo tiran al mar, si si, al mar. Nos extrañamos al ver barras y panes redondos flotando pero así es. Mirándolo bien no está mal, ya que si no lo comen las gaviotas, lo comerán los peces. Contaminar no contamina.

              Este ha sido nuestro día de hoy lunes 16 de agosto. Buen día y con ganas de dormir ya. Un besazo grande a todos y nos despedimos Sisuka ( que está tirada en la cama de hace media hora con un sofoco de calor que la tiene media loca) y un servidor muy pesado que escribe y describe hasta los peitos que nos tiramos durante el día. Sin más desde la 402 del Sude Konak con Santa Sofía enfrente nos vamos a la cama. Besos.

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