sábado, 14 de agosto de 2010

Día 2: nuestro primer amanecer en Estambul


Muy buenas a tod@s, espero que por lo menos el ratito que echo aquí delante del ordenador os sirva a vosotros para saber de nuestro viaje y a nosotros para recordarlo en un futuro.
       El día de hoy, como casi todos los que nos esperan, ha sido muy movidito. Nos levantamos a las 9:45 solo un cuarto de hora antes del cierre del desayuno, ya que a Sisuka no le pitó el despertador (¡Claro si lo tiene con la hora española!), en fin que subimos a desayunar al restaurante con las rayas de la almohada pegadas en la cara, de verdad ¿eh?. El desayuno no está ni bien ni mal, yo diría que normalito. Hay mucha fruta muy rica (sobre todo sandias y melones) y sobre todo alimentos típicos turcos como mermeladas de diferentes tipos, respostería, té, variedad de quesos, patés... y algo occidental como los cereales, el café o las rebanadas de pan sin tostar, porque sinceramente no hemos visto tostador y no nos hemos lanzado aún a decirle en inglés si tiene o no tiene. Lo mejor del desayuno son sus vistas, ya que se ven varias cúpulas desde la terraza y parte del bósforo con la zona moderna.
   Una vez desayunados nos fuimos a hablar con el señor Selcuk para el tema del cambio de habitación, ya que como comenté ayer era familiar y quedamos en que hoy nos la cambiaba por otra con ventanas e iluminación similar pero doble de matrimonio (aunque estemos aún en pecado, jejeje).  Pero no trabajaba Selcuk y había otro señor en recepción, al cual tuvimos que contarle toda la historia completa en nuestra cada vez mejor versión de inglés surfero. Éste nos ofreció otra habitación sin problemas e hicimos el cambio de la 404 a la 402 y la verdad que contentos. Por fin pudimos guardar la ropita en los armarios, porque estaba ya como un churro y entre las duchas y los preparativos (no preservativos ¿eh?), salimos a la aventura con nuestro gran planing ideado por Sisuka.
    Primera parada: La Mezquita de Santa Sofía. Después de aguantar unos minutitos de cola a unos 35 grados por lo menos para entrar, pagamos 20 Liras cada uno y para dentro. Esta mezquita es impresionante por fuera y por dentro. La están remodelando y de ahí que pierda un poco de lucidez en su interior, pero tiene unas pinturas en la piedra de sus paredes y cúpulas y una arquitectura impresionante. Hoy día ya no se usa para el rezo, ya que se ha reutilizado como museo, por su gran historia desde el siglo II con el Imperio Otomano. A esta mezquita han llegado los principales personalidades de la vida pública y política de todo el mundo. Después de visitarla en una hora larga, nos dirijimos hacia la plaza de Sultanhahmet, mejor conocido como el Hipódromo, una avenida con zonas verdes a ambos lados con 2 grandes columnas (La columna de Serpientes o enroscada, la columna de Constantino y el obelisco Egipcio u obelisco de Teodosio), todas ellas traidas de diferentes regiones del imperio.
Este paseo se usó en su tiempo S. IV para las carreras de caballo, sufriendo numerosos usos con el paso del tiempo.





   Segunda parada: La Mezquita Azúl. Impresionante. Construida en el siglo XVII por orden del Sultán Ahmet I. Ésta sí está abierta al rezo, de ahí que cuando intentamos visitarla nos tuvimos que dar la vuelta y volver después de comer, porque durante las oraciones no se permiten las visitas.
Al entrar a la mezquita tuvimos que quitarnos los zapatos y ponerse Sisuka un pañuelo tapándole los hombros. Las obras de relieve, sus azulejos con tonos verdoso claro y azulado y sus pinturas la convierten en una obra artística de una belleza incomparable. Aquí pudimos presenciar cómo rezaban muchos musulmanes, mientras otros dormían en el interior de la mezquita o incluso echaban fotos. Hay como 3 zonas diferenciadas dentro de la misma, una para los musulmanes que rezan, otro para los turistas y otra para las musulmanas. Esto es un auténtico rollazo de Alá, porque las pobres están marginadas, encima que van tapadísimas con 35 grados que hace, también al rezar tienen un lugar cerrado rodeado de grandes murales de madera labrados con pequemos boquetitos que dejan vislumbrar lo mínimo. En fín, cosa imcomprensibles de las religiones.
   Me gustaría destacar las numerosas llamadas al rezo que suenan durante todo el día en la ciudad, suelen ser cantos a dúo pero en forma pregunta-respuesta y van cambiando las mezquitas que llaman al canto, ya que no siempre son las mismas. Los musulmanes hacen vida en las mezquitas, duermen, comen, rezan.... vamos que solo les faltan hacer el amor, pero eso me perece a mi que Alá no lo permitió. También un pelotazo son los grifos de lavaderos que hay antes de entrar a las mezquitas, no a todas,  pero en la mayoría. Son como grandes bidés donde ellos se lavan sus piececitos y lo que plazca, todo ello con su jaboncito líquido y todo instalado al lado de cada bidé.


Tercera parada: Las Cisternas de Yerebatan. Es una antigua Basílica reconstruida en una auténtica "ciudad sumergida", con grandes cisternas de agua que se encuentran a varios metros subterráneos. Eran usadas por las ciudades del imperio para abastecerse de agua fría, dado que era el peincipal problema durante un asedio. Grosso modo son numerosas columnas romanas de marmol con medio metro de agua fría, peces y moneditas que acostumbra tirar la gente. Algo anecdótico es la cara en  la base de dos columnas de Medusa, dentro de la mitologia griega es una de las tres Gorgona que son monstruos del mundo subterráneo. Sobre ello existen diferentes creencias y mitos.
Cuarta parada: Restaurante "La casa del Medusa". Buen restaurante a los pies de la Cisterna Basílica donde descansamos un ratito al fresquito de su terracita y nos pusimos púo. Comimos rollitos de hojaldre rellenos de queso y nueces, calamares a la romana con salsa de almendras y cazuela de cordero con verduras (típico turco). Buena comida, ya sabido por nosotros gracias a muchos foros de viajeros que lo recomendaban, aunque creemos que aún tenemos que encontrar más restaurantes. Poco a poco.

     Después del bajón que te da el cuerpo con el estómago lleno y el calor, seguimos nuestra ruta tan contentos y felices por Istanbul. Nos fuimos dirección al Gran Bazar y allí se nos fué toda la tarde.

Quinta parada: "El Gran Bazar". Esto es interminable. Son tiendas y tiendas durante metros y metros de calle a ambos lados con un camino estrecho pero lo suficientemente cómodo como para poder pararte y ver lo que quieras. De aquí podría contar muchas cosas, pero empiezo a tener sueño y me duele hasta la espalda de escribir. Aquí te puedes comprar desde una joya hasta unos calconcillos o unos calcetines. Mucha tienda de zapatillas de deportes (lo cual me encanta), ropa de deportes, camisetas de fútbol, bolsos, lámparas... y mucho más. Casi todo imitación, unas mejor conseguidas que otras. Aquí tuvimos que poner en práctica otra cosa importantísima de estos lugares: el regateo. Hemos regateado más que Cristiano Ronaldo y llevan mucha razón quien dice que el precio final es una tercera parte del precio de partida. Ellos buscan que regatees por eso lo inflan, pero si entras en el trapo de regatear y te acepta lo que pides, ya no puedes echarte atrás porque se sienten engañados y no respetados. A mi me ha encantado, la verdad y creo que volveremos a comprar algunas cosillas .
    Los puestos del bazar van cerrando sobre las siete de la tarde, y es que aquí, me he dado cuenta que anochece bastante antes porque a las ocho es de noche. De allí nos fuimos en busca de la mezquita de Beyazit y la Universidad.


Sexta parada: Mezquita de Beyazit y la Universidad. De aquí voy a destacar poquito, ya que la mezquita es como cualquier otra mezquita musulmana, sin nada que destacar respecto a las anteriores y la Universidad estaba cerrada, por lo que volveremos el lunes quizás porque por fuera parece interesante.
    Sí quiero mencionar la gran cantidad de gente que había por esta zona de Beyazit comiendo lo típico turco, muchas pastasde trigo con cordero o pollo, bocadillos de pescado o carne, arroz con salsas de yogurt, sopa típica turca...  y sobre todo la multitud de familias y grupos que cenan en los césped descalzos y con una especie de manta o alfombra con comida que traen de sus casas. La verdad que sorprende ver a tanta gente comiendo tirada en los jardines. Está chulo, por lo menos son familiares.



    Y para rematar el día a Sisuka se le antojó un Kebak de estos de cordero que compramos por esa zona junto a unas latitas de refresco, y aquí tuvimos una pequeña anécdota, aunque no muy  simpática. Y es que resulta que desde que llegamos nos damos cuenta que los turcos son muy descarados mirando a las mujeres, sobre todo a las que no son musulmanas, por eso de ir más descubiertas, y a Sisuka no paran de avasallarla y me la tienen regastada.Sin embargo ella dice que aún no ha encontrado a ningún Yamán, y espero que no lo encuentre. La gente me mira a mi de pasada y se detienen en ella que le radiografían de abajo - arriba y cuchichean entre ellos con sonrisas cómplices de ...  Alá sabrá.  A mi eso no me importa, es más, me parece divertido porque no lo hacen con mala fe, sino que simplemente están saliditos y  se les va los ojillos, normal y si encima Sisuka lo vale pues.... no te digo na.  Total que pidiendo los refrescos para la cena un coleguita turco (o eso creemos), le atrincó con la mano abierta masajeando uno de los cachetitos del culete a Sisuka, respondiendo ella con un empujón y un "Killo qué haces" con lo que el turco ni se inmutó, pero yo como buen Sultán y patriarca en estos días, le llamé y le dije que tuviera cuidado donde tocaba, éste se disculpó diciendo que no podía pasar, y le grité ¡Caution, caution! Es decir, lo primero que se me vino a la cabeza en inglés.

     Todo ello quedó en lo que fué, una anécdota más de este viaje, el cual se me está haciendo corto y eso que lo revivo doblemente por el día y con ustedes por la noche desde el blog. Sin muchas palabras más que sacar de mi cabeza, con los pies destrozados, pegajoso del calor, en calzoncillos al pie de la cama, con las ventanas de par en par y con Sisuka leyendo y planteando el planing de mañana os dejamos desde la 402 del Sude Konak hasta mañana.

Besitos a todos, en especial a nuestras familias. Hasta mañanitaaaa.

Iyi geceler.- Lo que traducido resulta Buenas noches.

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