Como es de costumbre lo primero es pegarse un buen desayuno, rato de juego, gym, ducha y al coche.
El camino a Las Palmas se hace en 30 minutos por autovía, es una carretera buena, con tráfico pero cómoda. Antoñita se convierte en el coche. Se abstrae, no habla y si lo hace es para indicarme los coches que tengo alrededor, me avisa de los peligros, atiende al platanito chico, apenas se mueve y se carga de tensión, pero he de decir que lo está superando y cada vez se queja menos.
Acercándonos al norte de la isla veíamos cómo las nubes se acordonaban en el cielo tapando cualquier resquicio de sol, un viento súper fuerte azotaba con fuerza y nos hizo olvidarnos de cualquier plan que fuese sol-playa.
Vista desde la autovia
Lo primero que hicimos fue visitar el paseo marítimo y la playa de las canteras con el objetivo de comer por la zona. Y así fue, para ello aparcamos en el centro comercial Las Arenas situado justo al lado del auditorio Aldredo Kraus, justo iniciando el paseo de las canteras y de allí caminamos contra un temporal de viento no sé de dónde (parecía del nordeste) que nos hizo tener que meternos en el Primark y comprarnos una sudadera, porque íbamos de modelo veraniego.
Ya abrigados nos enfrentamos al temporal para conocer un poco de esta playa urbana de arena fina blanca y negra, que por su forma aparenta estar en el paseo marítimo de Cádiz, a la altura de Cortadura (pero sólo por su forma porque en belleza gana Cádiz).
Allí comimos en un restaurante a pie de playa un menú normal y corriente solo destacable el postre que me tragué, un estilo de mousse de gofio que dejaba una aspereza en la boca algo novedoso, un nueva textura para mi paladar.
De allí nos fuimos al centro, a la Vegueta. Destacar la estampa de capital atípica con una mezcla de pueblo y gran ciudad, de montaña y playa, de casas y grandes edificios, de comercios modernos y los tradicionales...
Plaza del ayuntamiento preparado para la carrera oficial de la Semana Santa. A la otra cara de la foto se encuentra la catedral.
Paseamos por sus céntricas calles de tiendas, plaza del ayuntamiento y catedral, mercado de la Vegueta, calle Triana... En definitiva, una capital que no entusiasma por su belleza pero sí por sus gentes y su atipismo.
Vuelta al hotel, cena despedida y a descansar.
Toca pensar en la despedida, un viaje corto por no haber podido apurar todo lo que nos hubiese gustado, corto por su buen tiempo y sus buenas gentes que nos hacen que pensemos en volver algún día, corto por no descansar en el hotel más días sin mover un dedo, poniéndonos rojos como guiris al sol y hartándonos de comer y beber sin censuras. Aunque todo lo malo y bueno pasa, por eso nunca aprenderemos a vivir felices y continuamente vivimos buscando la felicidad y esperando estas escapadas. La vida continúa y seguiremos afrontándola tal como nos viene, con alegría y felicidad de compartirla con quienes quieres.
Mañana nos despedimos de la isla. Bye bye Canarias!!






















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